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Una Tradición de Amistad y Fútbol Que Une a Las Heras Cada Fin de Año

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En la localidad bonaerense de Las Heras, a 67 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, cada 31 de diciembre se convierte en una fecha especial para cerca de treinta amigos. Desde hace un cuarto de siglo, estos vecinos dejan de lado los preparativos familiares de Fin de Año para disputar el ya emblemático “partido de las estrellas”.

El evento, más allá de la pelota, simboliza la amistad, la pertenencia y el humor. Dos equipos, denominados Las Estrellas y Los Estrellados, compiten en una cancha de once bajo una premisa inalterable: los jugadores no pueden mostrar grandes destrezas deportivas ni un estado físico sobresaliente. El espíritu es que todos puedan formar parte, independientemente de sus habilidades futbolísticas.

La convocatoria resulta tan exitosa que existe “lista de espera” para quienes quieren sumarse, con reglas estrictas que excluyen a futbolistas profesionales y personas en excelente forma física. La inclusión está reservada a quienes priorizan pasar un buen rato y reírse de sí mismos, antes que a la competencia.

Rodrigo, Fabián y Pablo, tres de los protagonistas, comparten anécdotas que refuerzan el carácter comunitario de este espectáculo: desde el uso humorístico de crónicas y premios hilarantes hasta la contienda por el anhelado “botín de oro” o la infaltable “ojota de platino” para el más despistado. Además, no faltan los homenajes, como el que suelen realizar cada año a veteranos de Malvinas que también participan.

Las particularidades no terminan ahí: el partido se realiza sin importar el clima, y se han jugado ediciones bajo lluvia o campo embarrado. Los partidos comienzan alrededor de las cinco de la tarde y culminan con una breve ceremonia de premios y un brindis de camaradería, antes de que cada uno vuelva a su casa para celebrar el año nuevo en familia.

La organización cuenta incluso con el respaldo ocasional de comercios locales, como carnicerías o empresas lácteas, que aportan productos y premios simpáticos. Además, se ha intentado transmitir el partido por radio local en fechas recientes, lo que demuestra el interés que despierta en la comunidad.

Entre los recuerdos imborrables, sobresale la anécdota de un arquero que atajó un penal sentado en una reposera, o la historia de un jugador que erró tres veces el mismo penal. Todo vale en una jornada donde la creatividad supera al resultado y el verdadero triunfo es compartir el fin de año entre amigos.

El “partido de las estrellas” de Las Heras trasciende lo deportivo: es un ritual que fortalece vínculos, genera pertenencia y ya comienza a tener continuidad generacional, con los hijos deseando sumarse en el futuro. Los organizadores ven en esta costumbre un modo de cerrar ciclos, dejar atrás lo vivido y renovar, en cada silbatazo final, la esperanza de reencontrarse el próximo año en la cancha y en la risa.