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Se cumplieron ayer 94 años del nacimiento del payador sampedrino Roberto Ayrala

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Roberto Ayrala nació en Ramallo el 4 de octubre de 1922, falleció en San Pedro el 3 de abril de 1997. Más de medio siglo de trayectoria, 4 discos editados y recordados contrapuntos con el Negro Juan José García y con el célebre oriental José Curbelo. En los encuentros de payadores, donde era una presencia esperada, la gente le expresaba su admiración con aplausos muy diferentes y con pedidos de autógrafos.
En este tiempo que le tocó vivir, con el arte payadoril en jaque por el olvido, el Abuelo Ayrala era un símbolo. Un lúcido y tenaz sucesor de Betinoti, Ezeiza, y otras leyendas victoriosas sobre obstáculos, censuras e indiferencia.
Con la noticia de su suicidio, la familia del folklore argentino, quedó inmersa en una profunda tristeza. Roberto Ayrala murió a los 75 años el jueves 3 de abril de 1997 en la casa de su San Pedro natal, donde había quedado solo desde su reciente viudez.

«Ser payador fue algo que siempre estuvo latente en mí»

A través de su Facebook, Fernando Chiodini publicó un reportaje publicado en la revista Sucesos en treinta días, dirigida por Sergio Sabino.
“Nací en ambiente rural, en el partido de Ramallo en los campos de Don Rafael Obligado, donde mi padre era puestero. No sé, es por ahí que me viene galopeando mi amor por todo lo criollo, si fue por haber nacido en las tierras del inmortal escritor del Santos Vega, en fin, mucho hay de coincidente al respecto. Aclarado el punto de mi nacimiento ramallero, quiero decirles que de muy joven ya puedo decir que me hice sampedrino por adopción. Me radiqué definitivamente aquí a los 20 años”, explicó Ayrala.
“A fuera de parecer un tanto rebuscado en mí definir, puedo decirles en honor a la verdad que guitarra propio, propio puedo decir que nació conmigo. Ya a los seis años mi padre me dio una guitarra. Pero no cualquiera. No. Una guitarra de veras. Y fui aprendiendo a tocarle y a quererla. Y junto con ello fui aprendiendo todo lo que significa el sacrificado cometido del hombre de campo, de sus alegrías y sus desventuras y se fue templando en mí parte del conocimiento que fue tan importante luego en mi condición de payador, al haber mamado en carne propia todo lo que hoy exalto en mis improvisaciones y milongas”.
“Mis primeras letras las hice en la escuela N° 12 de Ramallo. Estaba a unos 7 u 8 kilómetros al norte de Gobernador Castro. Allí hice hasta tercer grado que era el tope que había en aquel momento en el campo. Paralelo a mis estudios primarios fui cultivando el dominio de la guitarra. Cuando me vine definitivamente a San Pedro me dediqué a la poda y a estudiar un poco el uso metodológico del instrumento. Juan Bas era músico entre músicos. Con él aprendí como aprendieron la mayoría de los músicos de entonces. Enseñaba violín, guitarra, bandoneón, en fin, todos los instrumentos de la época. Canté con conjuntos típicos en mis comienzos Luis Ucero, Horacio Casey y de vez en cuando me hacía algunas escapaditas por ahí, en giras organizadas por mí y con la compañía de mi guitarra. Así, haciendo caminos conocí gente importante como Adolfo Berón, verdadera tradición de una familia de cantores. Tratando de promocionar mi trabajo, como quien dice de hacerse conocer, empecé en una audición de Radio Mitre: Por las Rutas Argentinas. Cosas estas que mechaban un poco con mi vuelta diaria a mi San Pedro”.
Y luego agregó: “Como en la vida de la gente hay rachas de todas las especies, en una de esas en que había poco trabajo afuera, que realmente se hacía difícil salir, me dediqué de lleno a la didáctica de la guitarra. Yo ya tenía algunos alumnos que recibían los conocimientos que yo tenía, pero por aquel entonces decidí hacer las cosas bien y obtuve mi diploma de profesor de guitarra. Por entonces vivía en Rivadavia como al dos mil y pico y luego en la calle Tucumán. No obstante siempre que podía mi andar me hacía recorrer todos los caminos que más podía. Ser payador fue algo que siempre estuvo latente en mí. Claro que por aquel entonces era un improvisador”.
“Como cantor surero, en el que siempre me destaqué, tomaba contacto con la mayor parte de la gente que andaba en el tema de las fiestas criollas, me acuerdo de don Sergio Geredús del Fortín San Pedro, que conocía mis amores por la improvisación y la payada, me pedía siempre en ruedas criollas que hiciese algo”, finaliza Ayrala.