En la noche del martes, dos sujetos a bordo de una motocicleta habrían intentado robar a un vecino al momento que ingresaba su auto al garaje. Éste los persiguió y atropelló, lesionando a uno de los atracadores.
Es un segundo de bronca, de indignación, en el que cuesta pensar, un segundo que se hace eterno y las pulsaciones vuelan a mil. Es un segundo de furia.
Fue en un domicilio de calle Echague cuando el hombre, un profesor de educación física de 37 años, estacionó su auto y comenzó a abrir el garaje para ingresarlo. En ese momento paró una motocicleta en la cual se trasladaban dos sujetos, uno de ellos armado, lo intimidaron, aparentemente con el arma y le exigieron que les entregara la mochila y el teléfono celular. La víctima se resistió al robo, no permitió que se llevaran sus pertenencias, no pensó en el arma.
Al verse los delincuentes acorralados y con temor a ser atrapados, ya que empezaba a generarse un movimiento en el barrio, intentaron emprender la huida. El vecino indignado por lo ocurrido y aun con las pulsaciones a mil, se volvió a subir al coche y aceleró logrando impactar con su automóvil a la motocicleta. Quien iba de acompañante alcanzó a saltar a un costado y emprendió la huida a pie, mientras que el que manejaba terminó tendido en el asfalto.
El conductor del auto pidió ayuda al 911 y al lugar rápidamente llegaron efectivos de la Policía Local quienes aprehendieron al frustrado delincuente y procedieron al secuestro de los vehículos involucrados en el accionar a los fines de saber fehacientemente lo ocurrido. El detenido fue trasladado al Hospital San Felipe donde le determinaron que el carácter de las lesiones era leve.
Un segundo de bronca que pudo terminar en muerte, la suya o la del asaltante. Un segundo cuyas consecuencias podrían haber durado toda la vida.
El caso anterior
Recordemos que días pasados en barrio Colombo, vecinos indignados le dieron una brutal paliza a un sujeto que acababa de intentar robarle la moto a un trabajador. En esta ocasión, la gente, lejos de esperar a la Policía, optó por actuar y detener al malviviente golpeándolo.
Según los dichos de los vecinos, el delincuente golpeado iba con otro sujeto en moto y advirtieron un rodado solitario, fuera de una casa en construcción. El dueño del mismo, un albañil, había bajado unos minutos a revisar una obra y había dejado la motocicleta con la llave puesta sin imaginar que en tan breve lapso de tiempo la podían robar. El sujeto bajó de la moto y enseguida se subió al rodado ajeno, empezando a patearlo para hacerlo arrancar. Esta maniobra fue advertida por la gente que comenzó a gritar, era cerca del mediodía y el ladrón empezó a correr llevando la moto a cuestas. Cuando vio que lo podían alcanzar la tiró a un costado y siguió corriendo mientras otros lo perseguían. Un cascote voló por el aire y dio en la espalda del fugitivo quien se desplomó en el piso, enseguida otro joven literalmente se le trepó y comenzó a golpearlo. El sujeto intentó defenderse, pero el muchacho lo trabó y otros llegaron sumándose a los golpes, las patadas. Sólo la llegada de la Policía impidió que la golpiza llegara a niveles peligrosos.
Fuente: Diario El Norte


