“La gente no tiene un peso”. Esa es la frase más escuchada al momento de conocer de boca de los propios comerciantes cómo marcha el movimiento de venta de indumentaria, el rubro más expandido en el microcentro de la ciudad. Si bien no existen registros estadísticos locales que permitan tener una noción fina de cuánto han caído inter anualmente las ventas, las estimaciones van desde un 30 a un 50 por ciento. Aunque hay un dato más alarmante aún: de acuerdo a lo que le manifestaron algunos comerciantes a este medio, “muchos evalúan no continuar si no se hace una buena diferencia con las ventas de fin de diciembre”.
De los argumentos que esgrimen surge una ecuación muy negativa para los comerciantes: bajas ventas y aumento de costos. “Ya era muy pesado hacer frente al aumento de los productos por parte de los mayoristas, el incremento de las tarifas y de los salarios de los empleados. Ahora se suma el bono de fin de año. No sé cuántos lo van a poder pagar”, dijo el propietario de una conocida casa de venta de ropa para adolescentes.
Los comerciantes de indumentaria no esconden su preocupación por lo que significará stockearse para la nueva temporada de invierno, en enero próximo. De hecho, estiman que los productos traerán de fábrica un aumento “muy importante”. Como enero y febrero son meses históricamente muy difíciles para el comercio, renovar por completo la oferta supone un costo muy grande que en este contexto no todos los comercios pueden afrontar. “Los que tenemos local propio podemos zafar, pero los que pagan alquiler están muy comprometidos”.
En off, los comerciantes reconocen que la obra de refuncionalización del microcentro no ha tenido impacto en el nivel de ventas. “Muchos pensábamos que se vendía poco por culpa de la obra. Ahora la calle está habilitada pero las ventas no repuntan”, aseguran comerciantes de calle Mitre, antes de insistir con el argumento más escuchado. “No hay plata en la calle.
FUENTE: DIARIO EL NORTE


