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«SAN MARTÍN UNA CONDUCTA A IMITAR» Por: Lic. Américo E. Piccagli

Interés General Locales

En esta semana los argentinos rendimos homenaje a la intachable memoria del Gran Capitán, aunque muchos ignoren hechos importantes de su trayectoria que han quedado en la penumbra. De allí estas líneas, que tienen la pretensión de homenajearlo, destacando un comportamiento, que los documentos dicen textualmente cual ha sido su conducta.

La historia estudiada con pasión e interpretada de acuerdo a los documentos que así la acreditan, tarde o temprano pone al descubierto las perversas actitudes de aquellos que, por razones políticas juegan con la intriga o la maledicencia, hacia quienes consideran sus eventuales adversarios más difíciles de la política que tratan de imponer.

Este pensamiento trae a mi memoria lo ocurrido con San Martín, cuando debió alejarse del escenario que lo había tenido como el más grande de los militares de la naciente nación, buscando el reposo y tranquilidad que no tenía en su propio suelo, a fin de evitar, la inquina de algunos hombres que en aquel momento dominaban la política, ejerciendo un poder que no contaba con el apoyo del interior, cuyos importantes personajes como Estanislao López, Facundo Quiroga (el tigre de los llanos), por solo mencionar algunos, salieron al cruce respaldaron al libertador y se ofrecieron para protegerlo.

Ello hizo que se sospechara de un acuerdo con aquellos caudillos del federalismo. Chismes que hicieron que Rivadavia, “importador del pedantismo” al decir del general Tomás de Iriarte, iniciara una campaña destinada a desprestigiar al personaje que había liberado tres naciones.

Las propias conexiones que Rivadavia tenía en Europa, hicieron que se le considerara inicialmente allá, como una persona indeseable y sospechosa. El propio San Martín en carta a Vicente Chilavert le confiesa haber “figurado demasiado en la revolución para que me dejen vivir en tranquilidad”. Al tomar distancia del escenario, el Libertador pensaba que al haber atravesado el Atlántico, sus aguas ahogarían las “innobles pasiones de los enemigos de un viejo patriota”, según sus palabras Contra todas sus esperanzas, el fanatismo ideológico del gobernante argentino de ese momento,
continuaba con sus ataques a través de las conexiones con un agente vinculado en el ministerio francés, urdiendo intrigas y hostilidades. Razón por la cual San Martín expresó: “No sé ya que línea de conducta seguir, pues hasta la de vivir oscuramente, no ponen a cubierto de los repetidos ataques a un General que, por lo menos, no ha hecho derramar lágrimas a su patria; séame permitido un corto desahogo a 2500 leguas del suelo que he servido con los mejores deseos”.

Tal era el estado de ánimo de su espíritu, que lo obligó trasladarse a Inglaterra donde su amigo Lord Fife lo colmó de homenajes y reconocimientos, pero sin lograr mejorar su situación económica en total ruina, a punto tal que se permitió expresar: que ni “la renta de su casa en Buenos Aires nada rendía, pues la depreciación de la moneda argentina y la guerra con Brasil, el cambio en Londres era tan malo” que de nada le servían.

Estas y muchas otras verdades contadas a su gran amigo Tomás Guido, cuando le contó la alegría que siente todo padre al tener un hijo, a pesar de que esperaba un varón le escribe: “Sepa usted que desde anteayer soy padre de una infanta mendocina”, al igual que cuando le confiesa acerca de los motivos que tuvo para retirarse de Perú. “Cuando deje de existir usted encontrará en mis papeles y los apuntes que Ud. hallará, manifiestan ordenados mi conducta pública y las razones de mi retirada del Perú”, así lo estableció en su última disposición a pesar de no haber llegado nunca a las manos del destinatario.

San Martín siempre creyó que la historia le haría justicia, pensamiento similar al de Rosas, atento a que en “general los hombres juzgan de lo pasado según la verdadera justicia y de lo presente según sus intereses. Mientras que Rosas escribió: “La verdad nunca dejará de conocerse por más que se la quiera ocultar”.

Dos premisas que todos nuestros gobernantes deberían tener presente al momento de asumir ciertas actitudes, porque el espíritu de partido, la baja adulación y el aferrarse a ciertas pautas ideológicas, hacen que se cometan errores que la muerte y la historia seguramente pondrán al descubierto.
Así lo vivió y lo entendió el Padre de la Patria que como epílogo de su concepto por la vida publica, le trascribió a su amigo un verso de Lebrun que decía:

En vano correréis tras de la gloria. Moriréis extinguiendo sentimientos: Ni respeto, ni amor: y sin lamentos La muerte sepultará vuestra memoria.

Siempre pensó así y su conducta a lo largo de su trayectoria, lo demuestra para ejemplo de los hombres que luchan equivocadamente, utilizando en la política, métodos que la dignidad humana rechaza.
Para todos nos dejó un axioma que deberíamos tener presente como norma de vida. “SERÁS LO QUE HAY QUE SER, SI NO, ERES NADA”