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Los viveristas despidieron el año

Interés General Locales

Por tercer año consecutivo, y desde que obtuvieron su personería jurídica, la Camara de viveristas se reunió para celebrar los logros obtenidos durante 2018 y seguir consolidando el grupo. Hubo reconocimientos a la mujer viverista, a los hombres viveristas de trayectoria, al INTA y se contó la participación de gremios empresarios con que sinergizan la labor.

Para quienes cada día de la semana dedican el esfuerzo de producir plantas más allá de las inclemencias climáticas, sanitarias y las dificultades de comercialización, la despedida de año es también una celebración y autopremio que se dan las familias productoras. Por eso, el encuentro también tiene un momento de reflexión y reconocimientos que permite hacer un balance e imaginar los desafíos para el próximo año.

Tras la cena, hubo espacio para los discursos, donde estuvieron el presidente de la Cámara, Sergio Taurizano, su gerente, Pablo Ojea, e integrantes de la comisión: Abel Gaido y Ezequiel Mazza. También hablaron Américo Lopez, Presidente de FEBAPRI, Juan Carlos Ubiloi, Vicepresidente de FEBA y por la Asociación Argentina de viveristas: Pablo Irie, Ana Giovanettone, Eduardo Soriano y María Murakoshi. Esos discursos hicieron eje en la necesidad irremplazable de trabajar juntos como modo de sobrellevar las dificultades y sustento del crecimiento, así como en los proyectos que actualmente reúnen a los viveristas para la producción de rosales libre de virus y la elaboración de sustratos propios a partir del compostado de materiales locales.

Un momento de especial emoción fue el destinado al reconocimiento del aporte de la mujer a los viveros, que primero tuvo a Rosa Pascual, y luego a Ester Vila de Valens, Eleonor Otero, Adriana Gaitán y Patricia Vellani. Más tarde, y como sorpresa fuera de programa, llegó el reconocimiento a Inés Corda de Ginart, mentora y principal referente para la obtención de la personería jurídica.

También el salón estalló en un aplauso, cuando se reconocieron los viveros más antiguos, de Roque Ohiler y El pampero de los hermanos Ginart.