En nuestro país se conmemora en esta fecha para recordar al dramaturgo Florencio Sánchez, que creó la denominación “canillita” y que murió el 7 de noviembre de 1974. Su obra tiene como protagonista a un chico que vendía diarios para ayudar a sus padres. La fecha comenzó a festejarse el 7 de noviembre de 1947.
«Los canillitas merodean entre los vehículos detenidos por el semáforo voceando los diarios de la tarde». Sí, canillita es el término que se usa para referirse a la persona que vende diarios. Pero ¿De dónde surge?
La historia comenzó en el siglo XIX, más precisamente en enero de 1868, cuando el abogado Manuel Bilbao y José Alejandro Bernheim fundaron en la ciudad de Buenos Aires el diario La República. Se les ocurrió que la venta de ejemplares, que hasta ese momento se conseguía por suscripción o se compraba en la imprenta, podía ser a través de algún chico que se parara en esquinas estratégicas de la ciudad y los vendiera a quien lo solicitara, como era costumbre en Nueva York y otras ciudades del mundo. El costo de pagarle al diariero era menor al del correo y la gente podía tener el ejemplar en el momento, sin esperarlo en su casa o sin la necesidad de ir a la imprenta.
A partir de aquel enero, la gente comenzó a escuchar pregoneros en las esquinas al grito de «¡La República, a un peso!». Con el tiempo, esos gritos se convirtieron en sonido primordial de la sinfonía de la ciudad. La novedosa táctica se hizo famosa y pronto comenzó a usarse en todas las ciudades del mundo.
¡En la actualidad tenemos a nuestra canillita! Ya hace 16 años que Ana González trabaja en este medio que, por primera vez salió a la venta el 7 de noviembre del 2002. Con su constancia ha logrado caminar las calles con viento, sol y lluvia todos los días para la familia de “El Diario de San Pedro”. Llama la atención si Ana falta, claramente es porque algo pasó, porque así es ella, una trabajadora responsable, amorosa y dedicada.
Temprano, a primera hora llega a la oficina, siempre con una sonrisa y, sale a la calle a vender. Son muchos los puestos de venta de diarios que se pueden ver en la ciudad, pero ella tiene sus clientes en las puertas de los bancos, en la puerta del Centro de Comercio o recorriendo con su bicicleta la mañana.
Para homenajearla en su día, le realizamos una entrevista, llegó radiante para que todos conozcan su historia y así comenzó:
«Bueno, fui haciendo clientes despacito, caminando todos los días. Pero empecé en otra dirección, cuando El Diario estaba en calle Pellegrini, me dieron muchos diarios, los vendí, volví a buscar más y los vendí también. Para mí fue una gran ayuda, me fui al mediodía a darle de comer a mis hijos y a llevarlos a la escuela»
A que se dedicaba Ana antes: «Andaba pidiendo en la calle, no me da vergüenza decirlo, peor es andar robando, no tengo vergüenza; para mí esto fue una salida laboral, yo ya tenía mis 7 hijos, la más grande me ayudaba, mi marido trabajaba en el campo».
«Yo estaba acostumbrada a andar en la calle. Yo le decía a la gente, en vez de andar pidiendo “No me compraría un diario”, y así fue como con mucha constancia fui creciendo, con viento, lluvia, calor, lo que sea, aquí estoy… sigo vendiendo El Diario, yo lo voy ofreciendo y no hay problema con quien me dice que no».
A nuestra pregunta de cómo está trabajando en la actualidad, nos contestó: «Las ventas fueron bajando, la gente mira todo en el teléfono y ahora que está tan bravo, a la gente le duele decirme que no; pero los que compraban todos los días, algunos me comprar tres veces por semana. Estoy muy agradecida con la gente, siempre fueron muy respetuosos y me quieren mucho».
«Antes El Diario venía de Escobar, se imprimía en esa ciudad y si llegaba tarde la gente se enojaba, pero ahora no. Sale calentito me dice la gente, depende el día también».
Entre risas, anécdotas y recuerdos culminábamos esta hermosa nota con nuestra fiel canillita.
En el 2009, a través de un decreto nacional, los canillitas fueron reconocidos como trabajadores y se les otorgó la exclusividad de su actividad a las paradas habilitadas.

