Fue inaugurada hace pocos días, durante la visita de la Gobernadora María Eugenia Vidal. El jefe de la unidad, el prefecto Gastón Collado, aún no sabe cuándo le enviarán más jóvenes. Con una inversión de $844.000.000, tiene capacidad para alojar a 576 personas.
La Unidad Penitenciaria 57 de Campana se inauguró hace unos días, pero ya cuenta con sus primeros “huéspedes”. Son 24 jóvenes, quienes fueron trasladados tras firmar un acta de conformidad con las normas especiales del penal, tras una selección que realizó la Dirección General de Asistencia y Tratamiento del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB), donde se evaluaron los informes criminológicos y la conducta de los jóvenes.
La Unidad 57 tiene capacidad para 576 personas en cuatro módulos de seis pabellones. Cada pabellón tiene seis celdas con cuatro camas. La inversión fue de $844.000.000. El Gobierno nacional ayudó con fondos. Cada módulo tiene un sector de escuelas con aulas y talleres donde se dictarán los niveles primario y secundario y cursos de formación laboral en reparación de PC, informática y programación, herrería, carpintería, mecánica de motos y reparación de calzados, impresiones en 3D y panadería, entre otros. En cada pabellón también habrá huertas autosustentables y los presos llevarán a cabo actividades de reciclado de residuos.
Aquí, adonde llegan los primeros 24 presos, serán alojados quienes estén detenidos por delitos como robos, hurtos o encubrimientos. En el ámbito del SPB hay 3402 internos jóvenes adultos. La mayoría (un 76%) tienen 20 o 21 años. Para lograr el traslado a un lugar que, según les prometieron, será para estudiar y trabajar, los jóvenes debían pertenecer al Programa Integral de Asistencia y Tratamiento para Jóvenes Adultos (Piatja), de la Dirección General de Asistencia y Tratamiento del SPB.
Los que querían llegar a esta nueva cárcel también tenían que firmar un acta de conformidad de pautas de convivencia: deben cumplir con los horarios y las actividades del pabellón, y abstenerse de consumir, tener, distribuir o comercializar alcohol y sustancias psicoactivas. Si usan viseras, pañuelos o pantalones arremangados, serán evaluados por un equipo interdisciplinario. Según se lee en el acta, este equipo buscará “evitar que se propaguen y se instalen modos y formas tendientes a la identidad con el delito”. Llegarán también organizaciones para trabajar con los jóvenes, como Justicia Restaurativa y Deportistas por la Paz. Según el acta de conformidad, es obligación que los presos participen de todas las actividades y de las asambleas cada día.
El jefe de la unidad, el prefecto Gastón Collado, aún no sabe cuándo le enviarán más jóvenes. Recorre los pasillos vacíos, muestra las celdas, los patios, los espacios de talleres y las herramientas ya listas, a la espera de ser usadas, puestas sobre la mesa como en una exposición.
Los guardias que custodiarán a estos jóvenes acaban de recibirse. Son 259 guardias y 59 oficiales adjutores, que son aquellos que ya tienen el primer grado de oficiales. Ninguno de ellos, excepto los jefes, ha tenido ninguna práctica en ninguna cárcel. “No están ‘contaminados’”, admitió Collado.

FUENTE: Campana Noticias


