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Adolfo Paganini: El INTA para mí fue una vocación

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“Sus conocimientos técnicos, su aplomo y su experiencia colaboraron a desarrollar en la región los adelantos técnicos y agronómicos de la época gracias a su incansable tarea de extensión que resultó en la significativa mejora de las más diversas producciones”, así describen algunos medios de comunicación zarateños el trabajo que llevó adelante Adolfo Paganini como Jefe de la Agencia de Extensión Rural de Zárate desde la década del 80 hasta la actualidad.

El homenaje que destaca su profesionalismo, predisposición y calidad humana no se hizo esperar el día que el ingeniero anunció su jubilación el 30 de abril en 2021, vislumbrando la celebración del Día Internacional del Trabajador. Y seguramente sin la pandemia, el asado y las empanadas tampoco se hubieran hecho esperar para este ingeniero amable que nació en Mercedes un 12 de noviembre de 1953 y se crió rodeado de productores agropecuarios. Su padre, Pedro Paganini, era un típico agricultor chacarero, pequeño productor mixto de la zona rural entre San Andrés de Giles y Mercedes, ciudades en las que transcurrió su infancia y adolescencia de la mano de su madre Ester Martinelli, hija de inmigrantes italianos que también provenían del sector rural. Así es que de esa fuerte ligazón al quehacer agropecuario y lo rural, emergió su elección de estudiar Agronomía en la universidad.

De aquellas épocas felices destaca los valores de la gente de campo, el caballo y la bicicleta como medio para ir a la escuela, y los bailes en una vieja estación de algún Paraje rural. “La palabra era la palabra y tenía un valor incalculable. Se vivía en comunidad y la gente de campo transmitía tranquilidad… en mi formación y conformación espiritual dio lugar a que hoy sea lo que soy, y de lo que debería ser en la vida… lo más saliente que me marcó mucho fue la gente; un derrotero que lo sigo conservando, un privilegio, y lo destaco también relacionado a mi trabajo en el INTA, ya que es estar al servicio de la gente. Me llevo su cariño y reconocimiento basado en esos orígenes rurales que me vieron transitar y crecer junto a la luz de un farol, luego con los grupos electrógenos consolidándose más tarde con la llegada de la corriente eléctrica”
 

La carrera de extensionista
Vivió en el campo hasta que decidió estudiar Agronomía. Obtuvo el título de Ingeniero Agrónomo en 1978 en la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de La Plata y regresó a San Andrés de Giles donde surgió una posibilidad laboral en una Agronomía. Luego participó junto a 400 postulantes de un concurso de becas de iniciación para graduados en el INTA, en la que quedó seleccionado tras rendir un examen en Castelar. “Me había postulado para la EEA San Pedro en el sector de Extensión y tuve la suerte de ganar ese concurso, por lo que a mediados de julio de 1979 ingresé junto a 9 compañeros… 2 éramos para las Agencias que dependían de la Experimental, así que tuve un año de entrenamiento con los distintos servicios que brindaba la institución; pasé también por AER San Nicolás que me permitió adquirir experiencia; y por aquel entonces también fue oportuno participar del Censo para evaluar el potencial productivo en la zona costera norte de Buenos Aires, que organizaba el Mercado Central de Buenos Aires, dado que adquirimos experiencia con las salidas a campo para el relevamiento”, cuenta entusiasmado y añorando esa etapa de su vida con un gran sentido de amistad que aún perdura.

Luego de aquel período de aprendizaje y reconocimiento institucional de lo que se hacía en cada sector de la EEA y las vistas estilo pasantías en las agencias; en la década del ’80 fue designado a la Agencia de Extensión Rural de Zárate en la que permaneció, con algunas interrupciones, hasta la actualidad. Allí se desempeñó como Jefe de esa unidad, agente de Proyecto de Cambio Rural, y en 2011 fue nombrado como Coordinador del territorio Costa del Paraná. “La verdad fue una etapa muy linda en la que conocí lo que era el INTA. Es una gran fortaleza y fue muy positiva esa etapa de aprendizaje y capacitación que luego trasladamos a nuestro terruño y área de trabajo específica. Al llegar a la AER Zárate me encontré con un profesional agronómico que se estaba yendo, por lo que tuve que ir conociendo la problemática y la gente del sector a partir de vinculaciones personales”, recuerda Paganini haciendo una pausa reflexiva y afirma: “El INTA más que un trabajo, para mí fue una vocación; realmente siempre lo interpreté así. Cada día que me levantaba para ir a trabajar lo hacía con mucho gusto; siempre tuve un sentido de pertenencia. Y creo que más allá de la gente que lo conduce, está la institución que me permitió capacitarme, desarrollarme profesionalmente, trabajar en libertad en un ámbito de plena articulación, con buenos compañeros de trabajo, con organismos e instituciones”. Con el foco bien puesto en las vinculación con el medio expresa: “Mi trabajo fue un pilar que se constituyó en un medio y un modo de vida que me permitió crecer profesionalmente y también me dio lo medios económicos para formar una familia… creo que lo más importante es haber conformado un sistema de grandes amistades y compañerismo no solo hacia dentro de la institución”.