El viernes se llevó a cabo un evento en el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, con una buena concurrencia. El lugar fue decorado con diferentes mensajes sobre la problemática. Esto fue acompañado con la actuación de Nico Aulet, Tambores sin Fronteras y cerró la noche la murga Modestia aparte, quienes terminaron bailando frente al edificio.
Durante el evento, dieron a conocer un documento en donde se refieren a todo lo que las mujeres han padecido y siguen padeciendo. Aunque con una diferencia: ahora hay una mayor conciencia gracias al trabajo de diferentes agrupaciones feministas que defienden férreamente sus derechos y muchas se animan a realizar la denuncia correspondiente.
El documento
Allá por diciembre de 2012 un grupo de mujeres decidimos dar inicio en San Pedro a una lucha que nos convoca a diario más allá del simbolismo de la fecha que nos reúne hoy.
En estos últimos años vimos cómo la violencia empezó a ser nombrada, primero casi tímidamente, como si acaso se tratara de un problema privado a resolverse puertas adentro. Poco a poco las mujeres comenzamos a ganar las calles, a alzar la voz, a ganar espacios. Y así, a fuerza de compromiso militante y entrega de miles y miles de compañeras a lo largo y ancho del país, logramos la comunión bajo una misma consigna: “Ni una menos”.
Las estadísticas, fríos números, nos hablan de una mujer asesinada cada 30 horas. Pese a la visibilización de la violencia, pese al avance en las calles, no hemos logrado que dejen de matarnos.
¿Falla la militancia? ¿Falla la estrategia? No. Fallan los gobiernos que no avanzan en políticas públicas, que no declaran la emergencia nacional, que no aplican la ley de educación sexual integral, que no escuchan a las que aún gritamos por las que fueron calladas para siempre.
Falla la justicia machista que adscribe a los preceptos del patriarcado; falla el poder legislativo que no permite discusiones que salvarían la vida de miles de compañeras.
Acá deberíamos preguntarnos si fallan o si acaso no son los hijos perfectamente funcionales del sistema que sostienen y reproducen a costa de nuestros cuerpos violentados, asesinados, violados, quemados, desmembrados.
Sistema que encuentra en las mujeres las máquinas perfectas de reproducción de las fuerzas de producción y, amparándose en leyes divinas, nos impone la prohibición de decidir sobre nuestros cuerpos. Desde el regreso de la democracia en la Argentina no hemos conseguido el debate parlamentario por el pedido de legalización del aborto. Lejos de eso, son cientos las mujeres que deben deambular por tribunales y hospitales solicitando que se cumpla con la única legislación vigente que estipula los casos de aborto no punibles. No sólo se nos somete a la atrocidad de no dejarnos elegir sino que además, por si acaso hubiésemos osado hacerlo, y por las dudas, somos encarceladas y juzgadas como asesinas. La movilización del movimiento feminista a lo largo y ancho del país permitió la liberación de Belén. Ahora vamos por la anulación del proceso judicial en su contra. Pero no solo por Belén sino por todas, porque EDUCACIÓN SEXUAL PARA DECIDIR, ANTICONCEPTIVOS PARA NO ABORTAR Y ABORTO LEGAL PARA NO MORIR.
La lucha de miles de mujeres no nos permitió el pasado “miércoles negro” que Lucía siga viva. Pero sí que sus abusadores y asesinos sigan presos.
Formamos parte de un momento histórico, de un quiebre en la estructura paradigmática del patriarcado, cuyos alcances quizás hoy no alcancemos a dimensionar pero que dejará su huella en la historia y el legado en los más jóvenes, cada vez más comprometidos con la necesidad de hacer valer nuestros derechos.
Nos dicen feminazis, nos dicen putas, histéricas, nos dicen incogibles. Nos maltratan, nos insultan, nos humillan, nos pegan, nos queman, nos violan, nos matan. Pero nosotras ya sabemos que si nos tocan a una nos tocan a todas, que la lucha está en las calles, que no tenemos miedo porque no estamos solas.
No venimos compañeros a apropiarnos de sus derechos pero sí a cuestionar sus privilegios. Venimos a pelear por la garantía de nuestros derechos. Y los invitamos a levantar juntos la bandera de la lucha.
Por Lucía, por Diana, por Agostina, Erica, María, Marita, Ángeles, Melina, Patricia, Marcela, por las miles de compañeras asesinadas, por el recuerdo de Minerva, Patria y María Teresa. ¡ARRIBA LAS QUE LUCHAN!

